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Mi Balance del Mundial

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Mi Balance del Mundial
Mi Balance del Mundial
El Campeonato Mundial de Básquetbol de Indianápolis se puede analizar en dos etapas. Las primeras cuatro fechas por un lado, y de allí en adelante por el otro. La incidencia del rendimiento físico y la merma en poder el máximo de concentración y dureza mental hasta el final del torneo, fueron generadores de notoriosaltibajos en los funcionamientos de algunos equipos.

Un ejemplo claro fue el de España. Llegó al Mundial con un nivel de juego altísimo, amparado en su gran pproducción durante los amistosos previos y con una gran química de equipo entre sus perimetrales tiradores y el desequilibrio de Pau Gasol. Durante las primeras jornadas, los ibéricos se mostraron como una de las dos mejores selecciones en actitud defensiva y concepción de juego. La otra fue Argentina.

Resalto a España como ejemplo, ya que basaba su filosofía de juego en una presión por todo el campo y constantes transiciones (pasaje de defensa a ofensiva), logrando un rendimiento pleno. Pero luego, y conforme transcurría el campeonato, decayó ostensiblemente. Le fue imposible mantener su dinámica en un certamen donde se jugaba día tras día y prácticamente sin descanso.

Observé a varios equipos en esta situación. Por caso, Brasil, que después de empezar bien se quedó sin una línea de juegoy sin el hambre demostrado en los amistosos previos. China fue otro equipo cuyo nivel fue decreciendo con el correr de los partidos.

Por otro lado, hubo seleccionados que aspiraban a más y terminaron con una performance que distó de ser lógica por el material que tenían en sus respectivos planteles. Cito a Rusia y a Turquía como fracasos. El primero demostró no tener corazón para poder revertir resultados. Contra Nueva Zelanda estaba dominando el juego, pero la actitud de los “Kiwis” los pasó por encima. Por su parte Turquía, poseía jugadores de gran talla y contextura física acorde a la competencia, pero no obtuvo los resultados positivos que se esperaban de acuerdo a lo expuesto en el Europeo (habían sido subcampeones).

De cualquier manera, nada se compara con el papelón que pasó el “falso” Dream Team. Primero, en USA Basket cometieron el error de formar un plantel con escasos recursos ofensivos en el juego interior. Ben Wallace y Antonio Davis nunca provocaron una doble marca del rival. Ellos son jugadores de rol (específicos para una función), reboteros y defensores. Solamente Jermaine O´Neal era medianamente inquietante. El perímetro tenía jerarquía con Paul Pierce, Michael Finley, Andre Miller y Reggie Miller, todos figuras en sus respectivos equipos de la NBA. Pero ninguno a la altura de Jordan, Bird, Magic o Kobe. Y la disciplina fue pésima.

Si bien sabíamos que era un Dream Team devaluado, nunca se pensó que fuesen los abanderados de la indisciplina táctica. Siempre creyeron que eran superiores. Se notaba en cada gesto o tiro sin selección adecuada. Jugaron convencidos de que cuando se lo propusieran, podían quebrar los juegos.

Y no fue así. Cuando se acordaron de ser más humildes y menos soberbios, ya era tarde.

Queda para la última parte del análisis lo mejor. Y es que Argentina dio un tremendo paso de calidad. Pero antes, profundicemos sobre Yugoslavia. Creo que el campeón termino desplegando el mejor juego en forma equilibrada y por el respeto por el sentimiento de conjunto (en este aspecto, en un plano de igualdad con Argentina y Nueva Zelanda). Los balcánicos iniciaron mal el torneo, de manera similar a Estados Unidos, queriendo demostrar noche a noche sus capacidades y pergaminos con un juego anárquico. La diferencia fue que se dieron cuenta muy rápido de ello. Y por la filosofía de su entrenador (Svetisalv Pesic), cambió en forma abrupta su disciplina táctica.

Los Yugoslavos se fortalecieron en una defensa dura de hombre a hombre , ocupando espacios con sus jugadores altos perimetrales y cambió la actitud de Vlade Divac y compañía. No crearon demasiado espíritu de equipo a través del juego de pases, pero fueron solidarios a la hora de usar las rachas que se producían a través del desequilibrio de Dejan Bodiroga(rotundo ejemplo del manual del uno contra uno) y de las apariciones de un tremendo jugador como Pedrag Stojakovic. Estos argumentos más el árbitro griego les dieron el título...

Nueva Zelanda fue muy regular. A pesar de no contar en gran parte del torneo con su estrella NBA (Sean Marks), plasmó en el campo una inmensa actitud y un elogiable juego de conjunto . Respetó siempre sus sistemas de juego, se apoyó en una ofensiva difícil de ejecutar, como la triangular de los famosos Chicago Bulls de los ´90 y contó con un jugador que a pesar de no poseer una figura atlética, se exhibió como uno de los mas inteligentes del Mundial (Pero Cameron).

Alemania mostró, esencialmente, a un líder nato como Dirk Nowitzki.

Fue una de las grandes figuras, pero les aseguro que todavía puede jugar mucho mejor.

El mejor quipo del torneo, por lejos, fue Argentina.

Mostró regularidad y una unidad de grupo jamás vista en nuestras selecciones. Su filosofía se basó en una rotación mesurada de la mayoría de los jugadores, defensa extendida a todo el campo y un notable juego ofensivo estacionado con movilidad del balón y los hombres.

Fue clave la manera en la que interpretó el entrenador (Rubén Magnano) presionar la pelota bien arriba mediante el magnífico Pepe Sánchez, con el objetivo de cortar el circuito con los pivotes rivales. Así se logró lo principal: no sufrir la desventaja de altura en el juego interior.

Fuimos unos de los equipos que perdió menos balones y no por producto de la casualidad, sino por el respeto hacia la pelota y la paz en la ofensiva fija. También tuvimos un gran equilibrio defensivo producto de una correcta selección de tiro (solamente nos apuramos en los 2´ 30“ finales contra Yugoslavia).

Además, fuimos los mejores en acertar con la estrategia a emplear en los diferentes juegos. El valor y la responsabilidad de Magnano, Enrique Tolcachier y Fernando Duró para ”scoutear“ individual y colectivamente a los rivales, fue el mayor argumento para sobresalir tanto del resto.

Mas allá del notable rendimiento colectivo, desde lo individual puedo destacar a varios. Rubén Wolkowyski, Luis Scola, Hugo Sconochini, Andrés Nocióni, Leandro Palladino y Alejandro Montecchia siempre fueron regulares. Pero para mi, hubo tres figuras excluyentes: Pepe Sánchez, Emanuel Ginóbili y Fabricio Oberto. El base en el piso, “Manu” en el aire y el cordobés por su oficio y lectura de juego fueron determinantes en la mayor parte del certamen.

Lamentablemente nos quedó el sabor amargo de haber perdido la final del mundo. Pero a pesar del apresuramiento en el cierre y de las faltas no cobradas, dimos un paso de tremenda calidad y llamamos la atención del mundo FIBA. Ya no es casualidad que “Manu” sea NBA junto a “Pepe” y el “Colo”. Ni que tres argentinos sean campeones de la segunda Liga en importancia del mundo: la española.

Es el momento justo para capitalizarlo. Ojalá nuestra organización vaya paralela al progreso de nuestros chicos. Es hora de que tengamos el espacio físico y los entrenadores idóneos para volcar este maravilloso momento sembrado por nuestro equipo nacional.

Huevo Sánchez.
Huevo Sánchez - Campus de Invierno 2021
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