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NBA - Fuente: Clarín

San Fransisco, 06/06/2022 | NBA

Golden State Warriors vs. Boston Celtics

La final de la NBA es impredecible y ahora se muda a una localía en serio

El entrenador argentino analiza la definición de una serie igualada 1-1 tras el 107-88 del equipo de Stephen Curry en el segundo duelo.
Stephen Curry y Jayson Tatum, los jugadores que se llevan todas las miradas en la final de la NBA. Foto AFP
Stephen Curry y Jayson Tatum, los jugadores que se llevan todas las miradas en la final de la NBA. Foto AFP
Oscar Sánchez - Exclusivo para Clarín.

La final de la NBA se muda a Boston con el 1-1 que dejó el triunfo de Golden State sobre los Celtics por 107-88. Fueron dos partidos bien diferentes los jugados en San Francisco y por ahora todo es impredecible en esta definición que seguirá el miércoles y el viernes en la costa este.

En el primer duelo, quedó la sensación de que además de presentar como principal carta a su defensa, Boston mostró que la mayoría de sus titulares tienen puntos en sus manos. Su juego pareciera ser más democrático, de pasarse el balón y dejar siempre un jugador abierto, ya sea con un rompimiento y descarga a un compañero -como lo hizo Jayson Tatum a pesar de su paupérrima noche- o con el concepto que tienen de separar entre 5 o 6 metros a la pelota del primer receptor. Abren la cancha y luego la atacan.

Nos fuimos del estadio con varias sensaciones, observando un equipo serio, que sabe lo que quiere dentro del campo y tiene energía y mentalidad ganadora. Mientras que en los Warriors aquella primera noche todo pasaba por lo que podía producir en soledad Stephen Curry, ya que no aparecieron su letal tirador Klay Thompson ni el suplente Jordan Poole. Boston tenía claro cómo había que jugarles.

Un escenario muy distinto se vio en el segundo partido de la final, en el que sólo hubo paridad en los dos primeros cuartos. ¿Los motivos? Hay uno muy simple: cuando se consigue rápidamente el objetivo de revertir la desventaja de localía, el inconsciente te traiciona. Hubo varios ingredientes que permitieron que al inicio del segundo tiempo los Celtics se diluyeran de una manera incomprensible. O, mejor dicho, inesperada.

En el primer cuarto, Boston mostró signos de desconcentración en pases sin sentido, con muchas pérdidas. Pero a pesar de todo seguía en partido gracias a Jaylen Brown y Tatum. El dato curioso fue que su jugador del momento, Al Horford, no tomó lanzamientos y ni siquiera tuvo oportunidades con tiempo y espacio para hacerlo. A eso se le sumó el mal partido de Marcus Smart en ofensiva, ya sea pasando la bola o lanzando. Para colmo, a Brown se le cerró el aro. Fue increíble cómo se secó el equipo.

Para que esto sucediera, mucho tuvieron que ver al comienzo los árbitros, que a mi gusto no pitaron nada contra Boston y dejaron jugar más físicamente a los locales. Además, Golden State le puso presión al balón y demostró que no sólo ataca: también defiende.

Curry se divirtió en la ofensiva de varias maneras. Disfrutó el pick and roll a voluntad, ya que los grandes de Boston siguen chatos esperándolo y filmando casi como tira de tres puntos. Al hacer uso del cambio, se escurría y los humilló como especialista en definición con flotadoras o lanzamientos no convencionales.

Poole estaba más eléctrico que nunca y veía el aro como una plaza. Tanto que cerró el tercer cuarto con un triple convertido desde 11,88 metros, el tercer lanzamiento más largo anotado en las últimas 25 finales de la NBA. No fue improvisado: lo lanzó bien parado, demostrando que su confianza era óptima.

Golden State jugó muy incentivado y metido en el partido. Su ataque le dio más concentración y actitud en defensa. Esta vez Draymond Green defendió bárbaro y encima de asistir, miró el aro y atacó. Los relevos dieron volumen ofensivo, como el serbio Nemanja Bjelica, quien con su figura espigada dio puntos y juego. Fue tal la paliza que el último cuarto era para retirarse de la cancha. Los sacaron del campo al ser agresivos con y sin pelota.

Lo que viene

¿Qué puede pasar en Boston? En el Garden se sabrá quién es el local, porque los hinchas no son amargos como en San Francisco, donde festejan más en los pasillos con una cerveza que dentro del campo con el equipo excitante que tienen. Creo que hay más gente comiendo papas con chucrut y birra que dentro de la cancha. Es impresionante cómo consumen.

En cuanto a lo deportivo, Golden State tiene a Klay Thompson en deuda. Su virtud es que no sé qué les dirá el entrenador Steve Kerr en el descanso, pero salen a los terceros cuartos con diferente sintonía. Boston, en tanto, deberá ratificar el buen momento de Horford, tan necesario como Tatum y Brown, sus líderes perimetrales. Defensivamente estarán, ya que su localía influirá en la energía, pero deberán rotar mejor.

Ambos equipos mostraron sus cartas, pero con diferente energía entre un juego y otro. Se puso tremenda la serie. Veremos qué pasa en Boston.

Especial para Clarín.
Desde San Francisco, Estados Unidos.

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